Enlaguna

 

El Abrojo en los testamentos y en las limosnas de los laguneros

La estrecha relación de los laguneros con el Abrojo, además de ponerse de manifiesto en las continuas limosnas de sus vecinos a favor de los franciscanos, o de la intercesión continua de éstos ante los reyes por la defensa de los privilegios reales de Laguna, se plasmaron, igualmente de forma continuada, en los testamentos de las gentes que, en su voluntad postrera, siempre dejaron para el Abrojo cargas de trigo, cántaras de vino, carneros, cera, y un determinado número de misas por el ánima de los finados y sus ancestros. En casos señalados, se incluían además de las variadas limosnas arriba señaladas, diversos treintanarios en favor del alma de los fallecidos.
El caso de Esteban Pérez, párroco y beneficiado de la iglesia de Santa María de la Asunción, es uno de los más significativos. Esteban Pérez, en su testamento firmado en el año de 1485, mandó para el día de su entierro "...den de comer y de beber a todos cuantos lo quisieren tomar pan y vino y carne según lo ofreciere el día porque rueguen a Dios por mi ánima"; ofrecimiento que se repetía para la celebración del cabo de año; dejó además en su testamento del mencionado año de 1485, entre otros donativos, 10.000 maravedís para la construcción de un retablo y altar en la iglesia y diez treintanarios, para cuyos gastos dejaba 3.000 maravedís, "...y que lleven pan y vino y cera a la dicha iglesia por mi ánima ". La casa del Abrojo, desde luego, recibía un trato privilegiado en el testamento: 10.000 maravedís, "...y que en todo el año siguiente de mi finamiento tengan cargo de decir una misa cantada..." Además, mandaba se diese a los frailes del Abrojo, el día de su enterramiento, "...una carga de pan cocido o en trigo, cual más quisieren los padres del Abrojo, y tres carneros y seis cántaras de vino... porque los padres del monasterio rueguen a Dios por mi ánima". Y para su acompañamiento en el entierro, que no falten los franciscanos: "... suplico y pido por merced a los dichos padres vicarios y convento del dicho monasterio del Abrojo que por el día de mi enterramiento y a las honras vengan todos los más frailes de misa que venir pudieren... y que digan una vigilia en el dicho monasterio con su misa cantada solemne y se den a los dichos padres mil maravedís". Tampoco faltaría el treintanario: "...item mando que digan por mi ánima en el dicho monasterio del Abrojo un treintanario revelado y que den a los padres... por le decir, mil y doscientos maravedís".
Incluye además el padre Pérez, entre una prolija lista de mandas en su testamento "...que vistan seis frailes de misa del Abrojo, dando a cada uno de ellos un hábito"

Fueron frecuentes también en los testamentos los encargos de misas y el vestir a los difuntos con hábitos franciscanos; así lo podemos comprobar en los testamentos de Ana Macarén y Ana Muñoz Fraile.
Ana Macaren mandaba en su testamento, en el año 1578, "...que en el monasterio del Abrojo se digan veinte y cinco misas por mi ánima..."; y para decir las dichas misas "... se les de a los frailes una libra de cera y lo demás se pague de mis bienes...". Por su parte, Ana Muñoz Fraile mandaba, en 1723, "...que se me entierre con el hábito de San Francisco del convento del Abrojo y que asistan a mi entierro cuatro religiosos de dicho convento y que vengan a decir misa por mi ánima y se dé limosna de tres fanegas de trigo el agosto que viene..."

Las limosnas de los laguneros tuvieron también un destino preferente en los frailes del Abrojo. En el año de 1657, fray Gonzalo Vázquez, guardián del convento, pedía a los señores Justicia y administradores del lugar de Laguna que tomaran en cuenta a María López, vecina de los franciscanos, por las cuatro cántaras de vino que había dado al dicho convento de limosna, y a otros muchos vecinos, de los que daba una lista, en la que figuraban 19 personas de nuestra aldea, que en total habían ofrecido 18 cántaras de vino de limosna en ese año, la mayoría de ellos media cántara, "...las cuales por diversas personas del dicho convento han sido traídas y así juro in verbo sacerdotis que el convento las ha recibido para su gasto y consumo."
El mismo concejo tenía por hábito y costumbre obsequiar al convento con un cordero pascual cada año y otros dos corderos con que se regalaba al predicador y otros padres de la orden franciscana que acudían a concelebrar la Semana Santa en la iglesia parroquial, lo que le supuso al concejo un gasto de 40 reales en ese año (1719). No solían faltar tampoco algunas cántaras de vino que se añadían a las que a título particular ofrecían los vecinos. El propio concejo solicitaba a las familias que colaborasen con esas limosnas personales. Así, se solicitaba en Acuerdo del Concejo: "...que para la Semana Santa venidera venga un religioso del convento del Abrojo para que juntamente con los señores sacerdotes de esta villa asista a los sufragios divinos... que de la limosna de su asistencia, cada vecino mande lo que pudiere... y así juntos acordaron que cada uno mandaría y daría lo que pudiese por ser obra tan meritoria y de provecho..."

El Cronicón de Laguna, J. Palomar.

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