Enlaguna

 

La toma de posesión de una tierra

La herencia de los bienes inmuebles, especialmente tierras, que recibía un particular no quedaba confirmada hasta que se celebraba un ritual de toma de posesión, que se ajustaba a unas fórmulas preestablecidas. Francisco de Verdesoto, el mayor propietario de Laguna tomaba posesión de sus bienes en Laguna en 1702 con el siguiente ritual:

El pasado veintiocho de noviembre de 1702, el señor alcalde ordinario de esta villa, don Joseph Gómez Cabezudo, estando detrás de la ermita de Nuestra Señora del Camino, "...cogió por la mano al señor don Francisco de Verdesoto Barros y Bracamonte, vecino de dicha villa y le entró en una tierra que está de rastrojo, apeada y deslindada de su mayorazgo... en la cual dicha tierra y en voz y en nombre de las demás apeadas y deslindadas de dicho mayorazgo su merced le dio a dicho señor don Francisco de Verdesoto la posesión real, actual, natural... y dicho señor don Francisco, en señal de dicha posesión y por posesión real, se paseó por dicha tierra y cogió y tiró diferentes puños de tierra por ella y arrancó hierba e hizo otros actos..."
El mismo rito fue repetido en una viña, también de su propiedad, por donde se paseó y cortó con las manos diferentes ramas, varas y hierbas. Así mismo, repitieron el ritual en un pinar y en una casa y corral que posee en la villa. Se finalizaba así un trámite que ha requerido la presentación documental de un antiguo proceso de legitimación, filiación y nobleza que el abuelo de don Francisco, don Antonio de Verdesoto había llevado a término en 1604 para hacerse acreedor a los derechos del mayorazgo que ahora ha tomado su nieto. Ese proceso de legitimación requirió la declaración de una serie de testigos, vecinos de Laguna, que confirmaron la vecindad de Antonio de Verdesoto en esta villa y su posesión de tierras en su término. El mayorazgo de los Verdesoto reunía un total de 187 piezas de tierra entre viñas, pinares y tierras de pan llevar. La mayoría (146 piezas) ubicadas en nuestro término municipal.

El Cronicón de Laguna, J. Palomar.

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