Enlaguna

 

San Antón

Una de las fiestas más celebradas por los laguneros era el día de San Antón. Lo prueba el hecho de que el santo tenía su propia cofradía. Y era razonable porque los animales, especialmente las caballerías, eran compañeros de fatigas que pasaban la mayor parte de su existencia unidos a un mulero que los llamaba por su nombre, los alimentaba y los hablaba cuando araban o acarreaban para que realizaran bien su tarea. Machos, mulas, burros y aún bueyes eran imprescindibles para la subsistencia del agricultor; por ello, todos los labradores invocaban a San Antón el diecisiete de enero para que intercediera por la buena salud de sus fieles servidores. San Antón, patrón protector de los animales, era celebrado con júbilo por los vecinos. Se llevaban a la iglesia las caballerías, y hasta corderos y gatos, con la pretensión de buscar el amparo del santo para el ganado y el augurio de su salud.
Los animales iban engalanados, limpios y con la cola hecha para la ocasión. Y en cuanto tocaban las campanas, salían las caballerías de los corrales, dirigiéndose a la plaza de la iglesia. Los amos ponían velas al santo. El señor cura salía a la portada, y con el santo en el exterior presidiendo la celebración, bendecía a la reunión de animales congregada, que iba desfilando frente a la iglesia, arrancándose las gentes más jóvenes con alguna relación, a modo de coplilla popular, surgida del ingenio del pueblo:
¡Oh glorioso San Antón! ¿Qué haces en esa tronera, con los ojos de cristal y lo demás de madera?

¡Oye, glorioso San Antón, lo que te vengo a contar: que todas estas marranas que se vayan a fregar!

¡Oh glorioso San Antón, lo que te vengo a pedir, que todas estas marranas me sirvan para freir!

¡Oh glorioso San Antón! ¿Qué haces en ese rincón con el libro de la mano si no sabes un renglón?

También se acostumbraba a contar al santo las cuitas que habían padecido los animales:

¡ Oh glorioso San Antón, del diecisiete de enero; fui a dar agua a mi caballo y se me cayó a los Barreros; y si no es por mi macho tordo, me refresco hasta los huevos!

La cofradía del Santo organizaba luego un baile en la plaza. Y ese día no se sacaban los animales al campo, tal como decía el refrán popular :
San Antón de enero: descansa el animal y trabaja el mulero.

Laguna de Memoria, J. Palomar

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