Enlaguna

 

El calabozo

Era el medio disuasorio del que la autoridad municipal se valía para castigar aquellas conductas indeseables que atentaban contra los principios del respeto a la propiedad privada, el orden y la concordia vecinal.
En el diseño de la Casa Consistorial de finales del siglo XVIII se proyectó la construcción de una cárcel dentro de las dependencias municipales. En el presente siglo, la cárcel había quedado arrinconada en un hueco de escalera, con la modesta categoría de calabozo. Era un cuartucho con un camastro, pensado para aquellos individuos responsables de pequeños hurtos que no podían hacer efectiva la sanción económica que el juez de paz les imponía o para los provocadores de riñas y algaradas que atentaban contra el orden y la paz ciudadana; estos eran con harta frecuencia quintos excesivamente apasionados en la celebración de sus festejos.
Con frecuencia, el calabozo hacía funciones de casa de beneficencia, alojando a mendigos a los que la noche pillaba en el pueblo. El alguacil les atendía con una sopa de urgencia que les calentara el cuerpo y les permitiera dormir algunas horas.
La mayor parte de las ocasiones, eran gentes humildes las que ocupaban el calabozo. Con el fin de no interferir en los tiempos económicamente útiles de los cabezas de familia, se les solía retener en domingo o día festivo, así no perdían la retribución de sus jornales.
La máxima retención continuada era de un día. La familia asistía al retenido llevándole la comida. La retención era más simbólica que real; el calabozo tenía un pequeño cerrojo que ni era necesario echar. Aquello era una especie de cárcel de Calabuch donde, a veces, a los retenidos se les permitía echar la partida. Algunos representantes de la autoridad hubo que, en su afán conciliatorio, sacaban a los retenidos a alguna sala del ayuntamiento a que dirimieran sus diferencias con la baraja o el dominó. Y si eran jóvenes, acusados de pendencias, les requisaba las propinas y mandaba a alguno a la cantina o al horno de la señora Felipa a por unos puños de cacahueses para que rebajaran sus humos.

Laguna de memoria, J. Palomar.

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